lunes, 22 de octubre de 2012

No llego a verte; pero te adivino.

Era inútil. Por más que gritaba en aquel túnel no parecía haber más que oscuridad y temperaturas increíblemente bajas. Pero ¿y esas huellas? Alguien tenía que merodear por ahí cuando él dormía.

Cada mañana al despertar era lo primero que hacía, sacaba la llave que escondía en el hueco que quedaba entre las portadas de sus dos libros favoritos, y arrasando con lo que encontraba a su paso, abría la puerta al son de ''te pillé''. Tras varios días consecutivos sin lograr ver nada, esa frase ya no se la creía ni él.

Pasaron algunos meses y las muestras de que alguien o algo podía llegar a estar a algunos metros de él durante la noche eran más que evidentes. Se preguntaba cual sería el motivo por el cual ''esa cosa'' tenía la aparente necesidad de mantenerse cerca. Había días en los que realmente llegaba a dudar de sí mismo, y de su cordura. Pero no, de alguna extraña forma cuando esos pensamientos rondaban, mayores eran los detalles que le confirmaban, a la mañana siguiente, como ser. Aventurarse a entrar en ese lugar era una insensatez sin lugar a dudas, y más tras haberse dislocado la clavícula al resbalar nada más habiendo avanzado un par de metros en un intento anterior.

Durante algunos meses más, todo siguió igual. Y empezó a comprender que quizás con eso era suficiente, quizás aquello no buscaba más que el simple hecho de sentir alguien cerca a la hora de dormir, quizás sólo sentía la necesidad de pasar los días con la emoción de que aquel, a su parecer extraño chico, le hiciese sentir el riesgo de no ser descubierto alba tras alba... quizás para él prevalecía entre cualquier otra razón la importancia de nuevos detalles y así, poder respirar aliviado al saber que algo que no conseguía ver le era capaz de provocar ilusión cada amanecer al son de:

''te pillé''. 



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