[...]
-¡Maldita sea! ¡¿Quién diablos era, y qué pasa?!
-... Chico,... tu...
Lo que escapó de aquellos labios temblorosos se dirigió directamente al corazón de aquel chico. No se comportaron como simples palabras, tenían la misma naturaleza pero estas estaban creadas para no ser escuchadas jamás. Palabras de tal peso que podrían derribar a cualquier coloso en un segundo. Pasaron no más de tres segundos antes de que reaccionase ante tal hachazo. ¿Tres segundos? ¿Realmente fueron tres putos segundos? Imposible. Imposible pero desgraciadamente cierto. Porque el tiempo jamás lo podrás controlar a tu gusto, pero tu percepción ante él depende siempre de tu estado de ánimo y sentimientos más profundos.
La oscuridad lo envuelve todo. Solo prevalecen mínimos rayos de luz a modo de esperanzas de que todo sea una increíble broma de un gusto pésimo. Pero no era así, el sabía que todo era cierto, sabía que tenía que afrontar ese hecho. Un sensación totalmente nueva navega su cuerpo, de pies a cabeza, no había rincón de su cuerpo que se librase de su furia.
Cabeza rozando el suelo junto a sus hombros. Lágrimas que brotan sin pedir permiso al corazón, pues eran lágrimas verdaderas, lágrimas lloradas por el mismísimo corazón de trayecto "corazón-suelo", con la única parada en sus mejillas. Tenía que pensar, tenía que evadirse de esa situación que lo absorbía en la más profunda y dolorosa tristeza. Se dio media vuelta. Mientras, todas las miradas se centraban en él.
-No... no puede ser.
Únicas palabras pronunciadas. Quizás en excesiva tranquilidad si se es consciente de lo que esas palabras auguraban. Lentamente levanto la cabeza dirigiendo su vista, casi completamente eclipsada por el cúmulo de lágrimas, hacia la cocina. Pero veía lo suficiente para divisar la luz que se filtraba por las ventanas cerradas, lo único que le marco el camino donde podría dar rienda suelta a su furia. Furia dirigida hacia la superioridad que se toma la vida, siempre mirando por encima del hombro creyendo que en este juego, ella es la única que forma parte.
Por fin, una reacción. Comenzó a dar pasos hacía aquella ventana, pasos decididos que nada haría que cedieran. Ya no era él quien actuaba, sino el veneno, aquel veneno que llevaba impregnado aquellas palabras y que se apoderó de su cuerpo al mismo tiempo que eran asimiladas. Los puños desbancaban al diamante en la escala de dureza. Fueron proyectados sin rumbo, cual botella lanzada al mar con mensaje "SOS" . Ya fuese madera, losas, hierro, mármol, cemento, o cristal, daba igual, ningún dolor físico tenía cabida en su cuerpo extasiado. Tras eternos segundos de liberación, acabó ahí tirado con la cabeza recostada en el tambor de la lavadora, justo debajo de la ventana, con los rayos que atravesaban la ventana calentando las lágrimas que hidrataban los labios secos del chico. Palabras de consuelo que se paseaban por el aire, pero que no llegaron jamás a ser escuchadas. En su pensamiento solo rondaban un par de cosas, un porqué, y un, ¿Y ahora?.
Millones de momentos más podría describir sobre aquella triste historia. Pero creo que ya es suficiente, ya siento que no serviría de más seguir narrando, siento que lo que con tantas ansias me motivo a traducir tales sentimientos a palabras, se calmó. Solo me quedan recuerdos, momentos recreados en mi mente, detalles únicos y un reloj. Ese que aún sin cumplir su cometido se aferra con tremenda fuerza y seguridad no solo a mi muñeca, sino también a mi corazón.
"No sabes lo que tienes, hasta que lo pierdes".
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