...Mientras los tres mantienen una conversación de esas que no se recuerdan, por no soltar palabras relevantes, suena el móvil. El móvil del padre. Los chicos le miran con deseo de que acabe pronto con esa conversación para poder terminar despedirse de él y así proseguir con su "día de ensueño"...
Pero algo pasa. Sino ¿Qué tipo de conversación se mantiene solo escuchando? ¿Esas que quizás, a buen entendedor, palabras sobran? Vago son los recuerdos del chico sobre esa conversación:
-¿Diga?
-sth.rsrhtsh.rts.rhtsrh..tsh...
-... mmm, si, lo conozco, es mi suegro...
-strst.srtstsr.rststhsst.srhst.st.thsht.s... ol otneis.
De un momento a otro, algo pareció cambiar en la cara del padre. Algo sucedía. Algo que solo él, y quien estuviera al otro lado de la línea conocían. El chico frunció el ceño como creyéndose capaz de, a dos metros del teléfono, llegar a escuchar aquello que dejó inerte el semblante de su padre, padre de corazón, no de sangre.
Ignorar los sucesos de su alrededor, para el chico, era una tortura en esa, y al igual que en las demás situaciones. El aire denso, más que nunca. Disparos descontrolados de silencio. Mente en blanco. Únicamente importaba eso, eso que requería de precaución. Las tres palabras y medias que conseguía pronunciar, eran entrecortadas, se desprendían de su pecho con más aire que voz y apenas eran comprensibles.
-Grr..gra..gracias...
Por fin, esa era la señal de que acabó la conversación. Un "Gracias", que jamás sonó tan falso y vacío de sentido. El chico no tardará en intentar sosegar sus ansias por conocer, preguntándole apenas dos segundos después, la causa de sus gestos imposibles de imitar.
-¿Qué pasa? ¿Quién era?
No recibe respuesta, solo una mirada perdida por parte de su padre. Este deja el móvil sobre la mesa y pasa entre la pareja sin mediar palabra.
-¿Qué pasa...? ¿Quién era...?
-Na.. nada... nada chico... nada.
Las mismas preguntas que brotan directas desde la preocupación del chico, buscaban esta vez diferente suerte y si, consiguieron respuesta, algo tan surrealista, que ni siquiera creyó que escucharía eso. Era más que evidente que algo grave pasaba. Algo tan grave, que el chico sin haber escuchado una sola palabra del otro lado del teléfono, ya cargaba en su arco la flecha envenenada apuntando directamente a su corazón. Flecha tratada con un veneno, que persistirá irremediablemente en el tiempo.
-¡Maldita sea! ¡¿Quién diablos era, y qué pasa?!
-... Chico,... tu...
No hay comentarios:
Publicar un comentario