domingo, 29 de enero de 2012
Mi reinado particular.
Jamás se atrevieron a pisar mis reinos tales sentimientos. Sería la seguridad, la normalidad o la tranquilidad que cubría cada palmo de estos terrenos, los que actuaban a modo de Cancerbero protegiendo como si su vida dependiese de ello, la entrada a mis aposentos. En que maldito momento fracasó, qué sofisticada táctica se llevó a cabo para franquear tal coloso; algo extremadamente sutil supongo, pues ni siquiera pude reaccionar hasta que no me dí de bruces con ellos. Antiguos sentimientos ya no tienen cabida en mi ser, otros muy diferentes ocupan su espacio. Su espacio si, pero no su lugar. Conocía muy bien los lugares que frecuentaban esos alegres y trastos sentimientos. Iban de habitación en habitación, notándose en todo momento su presencia; un verdadero placer caminar sobre sus huellas. Ojalá pudiera decir lo mismo de los nuevos habitantes de estas ahora, áridas tierras. Se llevaron todas mis riquezas, y dejaron tras sus pasos, desolación. Ya todo sucumbe ante la oscuridad, nada prevalece ante ella. Solo breves ráfagas de ilusión consiguen abrirse paso entre la oscura niebla en contados instantes; efímeros. La majestuosidad de su fuerza reside en su afán de destrucción. Destruyen más allá de lo creado. No sienten, destruyen; No se compadecen, destruyen; No viven, destruyen. Y su arma secreta, es simplemente, que no existen. Perduran vagando en tu interior el tiempo que tú lo permitas. Pueden desvanecerse o hacer acto de presencia innumerables veces en un mismo día, y sin ningún tipo de canon al que aferrarse, son libres. Solo el rey, es decir, tú, decides cuándo desterrar para siempre a tales traidores sentimientos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario