-Los pantalones un poco más abajo... así, reloj, gafas, móvil, llaves e Ipod. Perfecto, me piro- recorro el pasillo apagando luces, me cercioro de que tanto terraza como balcón estén cerrados; -por cierto, tengo que recordar tender la ropa que no veas la que me cae sino-, me coloco los cascos y al ritmo de Standing still salgo de casa y echo cerraduras.
-¿Os importa un segundillo...? Gracias- Esquivo una pareja que, rompiendo con lo que se respiraba aquel día en el ambiente, no paran de llorar y discutir en el rellano del portal, y por fin, aire fresco. Me tomo un par de segundos para pensar qué camino pillar -Derecha... izquierda... va, derecha.- y comienzo a andar. No sé cuánto estaré fuera, ni sé dónde voy, sólo quiero dedicarme a los estados de mi mente y poder estar conmigo tras unos días de agobio. A la mitad de la calle -¡mierda, la cartera! menudo coñazo-. Mala cara y de vuelta a casa a por ella. Ya en el portal, me quito el casco derecho y le pregunto -¿Quieres que te abra?-. Era la chica de antes que discutía con su chico. Menudo bellezón por cierto. Parece que todo se arregló puesto que la sonrisa que se dibujaba en la cara de la chica hacía pensar que lo que presencié apenas dos minutos atrás fuese una imaginación mía. Iba vestida con otra ropa y ahora llevaba mochila. En mi reloj al 14 se le sumó uno, pero la hora seguía siendo la misma. La acompañé arriba y se sentó en los escalones que daban a mi puerta. No entendía porqué allí, pero me dediqué a buscar la cartera, beber algo de agua y volver a salir.
De nuevo, aire fresco. Respiro hondo mirando a mi alrededor, me coloco el casco derecho ahora con Michael en el estéreo, suspiro, capucha on y vuelta al paseo. Los bolsillos protegían mis manos del frío viento que se colaba entre los tejidos de la ropa y me estaban helando. El suelo estaba encharcado por la leve pero constante lluvia de un par de días atrás. Y ya sabéis, caminar por ciertas zonas en Fuengirola es un verdadero peligro en días de lluvia. Efectivamente no se hizo tardar, -¡Joder, me cago en la puta!- hasta la mitad de las rodillas llenas de barro y agua sucia por pisar las típicas losas cojas. El frió se marchó al instante y sintiéndome incómodo por las manchas en los vaqueros proseguí.
-Hey. [...] Hola. [...] ¿Qué tal tío, todo bien?-. Sucesión de saludos a simples conocidos que interrumpen pensamientos a los que sólo teniendo conversaciones conmigo mismo soy capaz de dar caza; las mejores conversaciones sin duda. (Heaven help) Pisando millares de huellas dejadas durante todos estos años, giro la esquina y bajo las escaleras. Borrachos formando un círculo discuten sobre, palabras textuales, -"El peaso de cabrón ese que no sabe na ma que..." lo demás no llegué a escuchar. Es irónico, siempre me apuntó directo al corazón ver a gente que pide en cualquier rincón con carteles, vaso o con la simpleza de una mano extendida y pensar que si al contrario de suplicar dinero para subsistir fuesen abrazos, morirían por igual.
Con el mar de fondo el camino en linea recta se acabó. En la naturaleza la línea perfecta no existe, es otra invención del humano creyéndose superior. (So is this goodbye) -Dame... una de las del elefante, un par de estas... y otras de esas mismas. Gracias eh.- Una vez ya con provisiones el banco frente a la orilla me esperaba con los brazos abiertos. Y allí me quedé. Mirando a gente pasar y dando la excusa muda de los frutos secos para ocupar un banco a aquellas horas de la noche bajo el frío que los hacía a todos andar deprisa. No quería pasar por loco. Quería analizarlos para conseguir motivos que me hicieran sentir afortunado. Y los encontraba, personas en sillas de ruedas, jóvenes con mal aspecto debido a las drogas, otros que parecían esclavo de las manecillas del reloj... en fin, motivos habían. Pero aún así no lo conseguía. Una tras otra se sucedían canciones a través de mis cascos. Cada una con una idea que expresar, cada una con su historia y más de una que desearía no haber tenido que recordar de nuevo. Pero fue un buen día conmigo mismo, entendía el porqué no llegaba a un acuerdo. Sabía los porqué y me propuse darles una contundente respuesta.
Me levanté, respiré hondo, y vuelta a casa con los míos.
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