miércoles, 26 de septiembre de 2012

Digamos que fue, un mal día.

Había conseguido crear un ecosistema dentro de sí mismo. ¡Era increíble!... Aunque ya se sabe, jugar a ser dios no ofrece garantías. Terminó de abrocharse los botones de la chaqueta, reforzó el ya forzado nudo de la corbata con sus manos y tras los últimos retoques sobre su flequillo engominado, tomó aire y se lanzó al vacío con un impensable aspecto tranquilo. Se sentía invencible.
En el trayecto, las mariposas acabaron devorando todo lo se movía en su interior y antes de llegar al pavimento, dejó de sentirlas para fugazmente verlas.
No, eran polillas. No, era mortal.






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